lunes, 2 de agosto de 2100

Volver

En general, la conciencia se comunica mediante la palabra. ¿Qué sucede cuando esa respuesta es una ofensa ante el otro? Ese que me observa desde el rincón de su mirada, con la boca lista para disparar, sin pensar. ¿Cómo ampliamos las fronteras del pensamiento, si la mayoría de tiempo abandonamos nuestra psiquis a la vera de un televisor, la crítica fácil, el comentario inútil, de relleno? ¿Cómo reflexionamos sobre lo que verdaderamente importa?

Creo que en el fondo somos desapariciones continuas de nosotros mismos. Somos lo que dice el título, la profesión, lo que dice o calla la familia, lo que dicen o susurran los amigos, lo que dice la sociedad... Nos permitimos desaparecer completamente en las bocas de otros.

Por eso debemos recordar que todavía nos queda la palabra para transitar el camino de vuelta a esos lugares, no comunes, si no nuestros y de nadie más.




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